Archivo | 27 diciembre, 2016

Marta congela sus óvulos

 

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Marta tiene 30 años y le encantan los niños. Siempre que puede está con sus sobrinos. Los domingos le gusta llevárselos a comer una hamburguesa y después al cine. Se ríe con ellos y disfruta como si fuera una niña más.

En los días previos a la Navidad, sale a la calle a buscar regalos para sus sobrinos.

– Un libro para Elena, un muñeco para Marcos, un jersey para María… -se dice a sí misma mientras repasa mentalmente los regalos que va a comprar.

La mañana de Navidad se presenta temprano en casa de su hermana mayor Ana.

– ¡Niños! -grita- , ¿a qué no sabéis lo que ha dejado Papá Noel para vosotros en mi casa?

Los niños corren emocionados en busca de su tía, deseando abrir los regalos.

Ana, la hermana mayor de Marta, la mira con los mismos ojos de ternura de cuando eran pequeñas y veía la emoción tan característica de cuando a Marta le apasionaba algo. Aún la recuerda montando las piezas de Lego.

– ¿Qué quieres ser de mayor? –le preguntaban sus padres.
– ¡Arquitecta! –respondía rápidamente Marta.

Y arquitecta llegó a ser. Trabajaba en una constructora y viajaba muy a menudo para supervisar proyectos. Le encantaba lo que hacía.

Mientras los niños se entretienen con las novedades que les ha dejado Papá Noel, Marta y Ana se sientan a tomar café.

– Y si te gustan tanto los niños, ¿por qué no te animas a tener uno? Ahora hay muchas mujeres que deciden ser madres ellas solas. Puedes adoptar, está la inseminación artificial… Imagínate a un bebito con tus ojos… –le dice Ana a Marta, poniéndole ojitos tiernos para animarla.

– Ohhh, Ana, ya lo hemos hablado. Me gustan los niños pero ahora no es el momento. Viajo mucho, tengo poco tiempo y de momento quiero centrarme en el trabajo. Además está el tema del padre de la criatura. Me gustaría encontrar a alguien con quien ser madre.

– Te entiendo, cariño, pero el tiempo pasa…

– Ya lo sé. Ojalá pudiera detener el tiempo y tener siempre 30 años.

“Detener el tiempo y tener siempre 30 años”. Esa frase se queda grabada en la mente de Ana. “¿Existirá alguna posibilidad de “congelar” el tiempo para que puedas ser madre cuando quieras?”, se pregunta.

Ana comienza a investigar en Internet y encuentra varios artículos que hablan de la “preservación de la fertilidad”. Dicen que se puede congelar los óvulos y que cuanto antes se haga mejor. “Antes de los 35 años”, recomiendan todos los artículos ya que “a partir de esa edad disminuye la cantidad y calidad de los óvulos”.

“Vaya, no tenía ni idea” –piensa Ana- “Yo pensaba que mientras tuvieras la regla tenías la posibilidad de quedarte embarazada”.

Sigue leyendo. La información dice que puedes descongelar los óvulos cuando quieras y que, aunque tengas 40 años, como los óvulos son los de tu juventud, mantienen todas las características propias de la edad a la que los congelaste, por lo que hay más posibilidades de éxito en el embarazo.

“Empresas como Facebook o Apple ya lo ofrecen como beneficio social para sus empleadas”, rezan los artículos.

– Marta, ya tengo tu regalo de Navidad –le dice Ana cuando se presenta en casa de su hermana el día antes de Reyes.
– ¿No será otro perfume? –ríe Marta.
– Nooo, esto te va a dar tanta tranquilidad que me lo agradecerás toda la vida.

Ana la conduce en coche hasta el centro de la ciudad. Se bajan en una calle apacible, al lado de un parque. En frente un bonito edificio blanco.

– ¿Qué hacemos aquí? –pregunta Marta.
– Me has dicho que ahora no es el momento de tener hijos. Te entiendo y lo respeto pero sé que en el futuro te gustaría ser madre. Aquí podrás guardar tus óvulos hasta el día en el que consideres que es un buen momento para tener hijos. Este es mi regalo. Ayudarte a cuidar de lo que más te importa.

Y ese es el regalo de Navidad que recibe Marta. Años después, cuando a los 36 años se casa y es una de las profesionales más valoradas de su empresa, decide que es el momento de tener hijos. Hoy su regalo se llama Marcos y tiene 2 años. Su madrina es su tía Ana.

– Marcos, tu tía ya cuidó de ti mucho antes de que nacieras –suele decirle Marta a su hijo, contándole la historia de cómo preservó sus óvulos, guardando lo que más quería.